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Bajo un velo liso que ocultaba un sencillo recogido con pelo suelto y una llamativa tiara, Kate Middleton salía del hotel rumbo a la Abadía de Westminster a bordo de un Rolls Royce. Durante el trayecto, los cristales del coche nupcial dejaban ver parte de su vestuario. Una llamativa tiara servía para adornar un sencillo semirecogido con pelo suelto en tirabuzones. La tiara de diamantes de Cartier, de 1939, fue un regalo de Jorge VI a la Reina Madre y fue prestada a la novia por Isabel II.
En su llegada a la Abadía de Westminster pudimos ver al completo el diseño de Sarah Burton para Alexander MacQueen, un vestido brocado de satén marfil y blanco, en palabra de honor con cuerpo ajustado, que iba cubierto con una chaquetilla de encaje. La falda con volumen terminaba en una cola de 2.7 metros.
La chaquetilla de encaje, bordada por la Escuela de Bordados Reales, debajaba ver el escote en forma de corazón que resalta el esbelto cuello de la Princesa Catalina. Precisamente, la utilización del encaje ha traído a la memoria el vestido que lució Grace Kelly en su enlace. Sin duda, un estilo muy alejado del que lució Lady Di en su boda con Carlos de Inglaterra y su vestido de cola de ocho metros.
El vestido se completaba con unos zapatos de tacón con satén, de McQueen, bordado también por la Escuela de Bordados Reales, todo ello procedente de empresas británicas.
Para completar su vestuario, la ya Princesa Catalina ha resaltado su belleza con un maquillaje que ha dado mucha fuerza a sus ojos, con las sombras oscuras (sin llegar al look ahumado) y el blush en color rosa.
Si ya lo hacía antes de ser princesa, está claro que el estilismo de Kate Middleton en su boda seguramente marcará tendencias. Encaje, brocados, palabra de honor… ¡Qué vivan los novios!